Justa y entusiasta Concha de Oro para el prodigio «Los reyes del mundo»


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Las letras volcánicas y violentas de la colombiana Laura Mora triunfan en un festival donostiarra con un nivel digno, brillante, que no es excelente

Laura Mora recoge la Concha de Oro con parte de su equipo.
Laura Mora recoge la Concha de Oro con parte de su equipo.EFE

‘Reyes del Mundo’, de Laura Mora, no es tanto una película, por supuesto, como una exhalación. Corre por la pantalla tan convencida de sí misma, tan entusiasmada, tan hermosa y tan triste, todo al mismo tiempo, que su ideología no es ganar espectadores, sino creyentes. Eso es si quieres un acto de fe. Por lo tanto, es razonable que para ella fuera Concha de oro. Al fin y al cabo, y en medio de tanta confusión de pantallas, plataformas y espectadores distraídos que no tienen ni lugar ni lugar para ver, es bueno que se presente una película con la convicción de un entrenamiento de resistencia, como una catástrofe que llama a la exaltación tanto como a la furia, al júbilo y al silencio.

digamos el jurado «en ausencia» Glenn Close, quien renunció como presidente en el último minuto, cumplió. Y lo hizo tan brillantemente como supo evitar polémicas (el silencio que rodea la por otra parte magnífica película del austríaco Ulrich Seidl que pesa una acusación de abuso contra actores menores). Tal vez no en todas las secciones, tal vez con algún desafortunado descuido ocasional, pero en las que importan la corte permaneció digna y feliz en su anonimato responsable, llamémoslo así. No olvidemos que la tradición nos dice que en torno a estas fechas retumban todos los años los titulares en honor a la última comparecencia del presidente ilustrado del día en el Zinemaldia.

La película cuenta la historia de R, Culebro, Sere, Winny y Nano, niños de la calle de Medellín con nombres como rocas. O machetes sería más apropiado. Huyen de la ciudad y se adentran en la selva. La herencia que uno de ellos recibe de su abuela con el programa de restitución de tierras del gobierno es la excusa para viajar. Y como en todo viaje digno, no hay más reglas que las que queman. lo que sigue es una historia de aliento milenario y fiebre que convierte a los protagonistas en cinco esforzados argonautas de manos sucias y caras embarradas de barro. Buscan lo que Jasón o los 30 pájaros persas (como diría Borges) siempre han buscado: el vellón, el rostro del dios Simurgh o la posibilidad de una vida vivible, siempre tan cerca de una muerte digna.

Mora logra trascender las formas tensas mostradas en su orgullo’matar a jess. Ahora bien, la forma, antes que el mero estilo, es la voz; una de las voces, de repente, más identificables y características del cine iberoamericano. La pantalla se inunda del delirio propio de los sueños con la misma ira manchada por el polvo de la realidad. Es cine subversivo y voraz. con la intención de resistir, de ofrecerse en un gesto desesperado como salvavidas. Suena increíble y lo es. Si para algo sirve un festival es para cuidar, mimar y mostrar películas como esta, películas que nos obligan a mirar hacia el lado correcto.

Por lo demás, los Palmar siguieron por el camino del sentido común, lejos de cualquier riesgo. El premio especial del jurado, el segundo en importancia, terminó en una de esas sensaciones tranquilas y mínimas que son tan coherentes en su razonamiento y claras en su mirada como quizás un poco limitadas. ‘carreras‘, de la debutante Mariano Matías, es (como la obra de Mora en gran medida) una película creada al calor del festival. Haber sido seleccionada entre otros foros para la residencia de la Cinfondation en Cannes es una buena muestra de su pedigrí. Esta vez, la historia de dos jóvenes que se encuentran y escapan tiene el mismo propósito que todas las fugas: agrandar el paisaje, despejar los ojos, identificar demonios del pasado. Sin duda, una película tan dolorosa como bella, tan lenta y transparente como esperanzadora.

Que la dirección fue a los japoneses genki kawamura por su trabajo en ‘Cien flores’ Se ahondó en la consistencia del corte decidido a apuntar a lo nuevo. Productor de algunas de las obras maestras del anime de Mamoru Hosoda, este es su primer largometraje. Es una película sobre la memoria que desaparece y la culpa que permanece construida sobre una estructura compleja y un raro virtuosismo que saca a la superficie de la pantalla los bucles del olvido. Digamos que el director quería impresionar y el jurado quedó impresionado. Los.

Lo que sigue del palmar ya es más discutible. Y eso se debe a la ausencia de películas tan notables como, y para citar lo obvio, «Tradiciones de la primavera» de Fernando Franco; ‘la maravilla’, por Sebastián Lelio, o subir, de Hong Sangsoo, como por las propias decisiones e incluso por sí mismos. Que la mención de la interpretación es ‘ex aequo’ para la niña carla qulez por ‘La maternal’, de Pilar Palomero, y por pablo kircher de ‘Le Lycén‘, de Christophe Honor, sigue siendo digno de poner las propias películas en la mesa de honor de una forma u otra. Por ello y por la determinación anual de los jurados de boicotear la anulación de la distinción entre actor y actriz (basta ya de ‘ex aequos‘ ¡Ay dios mío!). Pero todo lo demás queda fuera de la lógica. Ni el rendimiento de soporte para la apariencia mínima de Renata Lermann en ‘Alterno’, de Diego Lerman; ni el guión extremadamente convencional de la producción china ‘una mujer’, de wang chao, ni la fotografía de manuel abramovich i’pornomelancolía‘ parece tener más justificación que la culpa o la abundancia de argentinos que son tan argentinos como el propio presidente argentino. Pero eso es otro asunto.

Lo que queda es uno Concha dorada irrefutable y brillante que vuelve al festival de cine (esto y todo) por necesidad. Tanto si quieres verlo como si no, generar o no generar «clics». Zinemaldia existe para dejar claro que Laura Mora existe. Y de qué manera tan encantada.

PALMARÉS SAN SEBASTÍN 2022

concha de oro. ‘Reyes del mundo’de Laura Mora.

Premio Especial del Jurado.‘Carreras’, de Marian Mathias.

Director. Genki Kawamura, por ‘Cien flores’.

interpretación. Ex aequo. Carla Qulez, por «La madre», de Pilar Palomero; y Paul Kircher, por ‘Le Lycén’, por Christophe Honor.

Interpretación de roles. Renata Lerman, por ‘Alterno‘, de Diego Lerman.

Guin. Dong Yun Zhou, Wang Chao por ‘una mujer’, por Wang Chao.

Fotógrafo. Manuel Abramóvich por «melancolía porno», de Manuel Abramóvich.

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