Mundial Qatar 2022: Carpe Diem a la afición argentina: «Necesitamos el fútbol para que la realidad no nos mate»


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«Hiperbólico» es «histriónico», la intensidad de la afición vuelve a ser protagonista de un Mundial. El autor Eduardo Sacheri y el director de teatro Jorge Eines analizan un fenómeno singular

Aficionados argentinos en Doha.
Aficionados argentinos en Doha.KIRILL KUDRYAVTSEVAFP

los Cristo Está Maradona o Cristo es Messi en esta procesión albiceleste camino a estadios no calvarios. Todo lo contrario. Son lugares de encuentro sin confrontación y donde uno puede sentirse de la manera más intensa posible, experimentar el éxtasis, porque mañana todo se puede ir al carajo. ¡Estamos aquí porque somos argentinos, pero ustedes no entienden!, espeta una hinchada envuelta en su bandera, con la mirada inyectada. La respuesta es tan simple como incomprensible: es la transformación emocional de una afición única en un Mundial, ya sea en el metro de Doha, en la Plaza Roja de Moscú o en la playa de Copacabana, donde las multitudes han acampado sin boleto para días antes de la final de 2014, perdida ante Alemania. El majestuoso Estadio Lusail, coloreado de albiceleste, volverá a ayudar al equipo de Messi a jugar en casa, esta noche contra Holanda, de una manera que no podemos entender. La señora tenía razón. Mejor pedir ayuda.

En Argentina es imposible estar lejos del fútbol, ​​elemento vertebrador y distintivo, pero para buscar explicaciones a este fenómeno sociológico, es más adecuado llamar a la puerta de la cultura. El fútbol ofrece a los argentinos un punto de encuentro que no tenemos en ningún otro campo, nos permite superar un espíritu que manifestamos en todo lo demás. Y además, nos da un motivo de orgullo, dice el escritor eduardo sacheri, autor de La cuestión de sus ojos, novela en la que se basó la película El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, ganadora de un Oscar en 2010. «Nos sentimos llamados a un futuro de grandeza que empezamos a negar hace 100 años. La discrepancia entre lo que creemos que debemos ser y lo que somos lo resuelve el fútbol», añade.

La Albiceleste, la gloriosa, nos representa a todos, a diferencia de lo que ocurre en España, continúa Jorge Einesmaestro y director de teatro que alterna su actividad entre nuestro país y Argentina, y cuya escuela transcurrió Imanol Arias o Juan Echanove, entre otros actores de prestigio. A falta de los otros motivos de orgullo que señala Sacheri, Eines agrega: Con un país con una inflación del 100%, hay que vivir de la gratificación instantánea porque el futuro es incierto. La respuesta tan expresiva, tan intensa -explica- tiene que ver con que todo se puede ir a la mierda en cualquier momento. Somos un pueblo que estamos acostumbrados a vivir con una granada en la mano a la que le han quitado el palo, y para que no explote hay que meterle el dedo. Vamos con esa granada de un lado a otro, hasta al fútbol.

«SOMOS IGUALES EN TODO»

Tanto Sacheri como Eines están de acuerdo: Somos así en todo, no solo en el fútbol. Somos histriónicos, hiperbólicos, apasionados, emotivos y mostramos con naturalidad lo que pensamos y sentimos sobre todo. Quizás sea por la mezcla de españoles e italianos que estamos hechos, prosigue Sacheri, para quien la intensidad de la afición en los campos de fútbol, ​​el cántico constante, es ya una seña de identidad de la competición de clubes del país. La selección agrega el elemento de identidad, porque nación y fútbol se mezclan extraordinariamente en Argentina. Por eso cantan «el que no salta es inglés», en alusión a la guerra de Malvinas, continúa.

Necesitamos del fútbol para que la verdad no nos mate, argumenta Eines, en un país donde el trágico destino lo comparten los ídolos y mártires de su panteón nacional: Garlos Gardel, Evita Perón y Diego Maradona. Los representantes del tango, el peronismo y el fútbol, ​​tres elementos que atraviesan Argentina en carne propia, pero también de ese Carpe Diem que llega a las gradas.

PELIGRO PARA EL PAN Y EL CIRCO

Hombre de cultura, pero también apasionado de River y de un deporte que forma parte de su vida, Eines cree que además de los peligros que siempre tienen el pan y el circo, es positivo que este circo ayude a la gente a resistir.

Scaheri acepta este importante oasis, por circunstancial que sea: Compartir una experiencia colectiva es interesante. Está bien que por unos días suspendamos la agenda que realmente importa, pero el problema es que esa agenda reemplaza a la otra. Argentina sigue siendo un país con grandes desequilibrios económicos -prosigue el escritor-, con dificultades para construir una democracia sólida e instituciones respetadas. Mientras el WC sea una suspensión temporal, no está mal. El problema es que el éxito deportivo reemplaza al éxito económico, social y cultural que aún nos debemos los argentinos.

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